SOBRE MÍ

Soy Magda Sayka, CEO y alma de Beldi Nomads.

No somos una agencia de viajes, sino un proyecto con raíces, creado desde el amor, el respeto y la conexión real con Marruecos.

Coordino, organizo y asesoro cada viaje de forma personalizada, cuidando cada detalle para que la experiencia sea auténtica y consciente.

Me avalan años de experiencia viajando con grupos y un profundo conocimiento cultural del país.

Más de 100 personas ya han viajado con Alma Bereber, confiando en una forma distinta de viajar.

Mi papel es acompañarte, traducir culturas y abrirte las puertas a un Marruecos real, humano y transformador.

EL INICIO

Siempre he entendido el trabajo como una forma de impacto en el mundo. No como un fin en sí mismo, sino como una herramienta para generar algo positivo en la vida de los demás y de mí misma. Desde muy joven he tenido un fuerte espíritu emprendedor, pero también una necesidad profunda de aportar en contextos reales. Por eso estudié Educación Social, con la idea clara de dedicarme a trabajar con personas en situaciones vulnerables. Esa vocación nunca desapareció, simplemente fue encontrando nuevas formas de expresarse.

Mi camino profesional no ha sido lineal, pero sí coherente. Emprendí en el ámbito tecnológico social, donde desarrollé un proyecto que me llevó a recibir el premio a la mejor emprendedora de Canarias y a posicionarme en el top 5 a nivel nacional. Esa experiencia me llevó hasta Silicon Valley, donde tuve la oportunidad de presentar el proyecto y entender, desde dentro, otra dimensión del emprendimiento. Después, mi interés por la salud me llevó a desarrollar proyectos en el ámbito de la f itoterapia con enfoque deportivo. Profundicé en este camino estudiando un máster en nutrición deportiva vegetariana y vegana, integrando cuerpo, alimentación y bienestar desde una mirada consciente. Más adelante, encontré en la gastronomía un lenguaje propio

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Durante años trabajé en este sector hasta abrir mi propio restaurante, un proyecto que no solo fue un éxito, sino también una extensión muy clara de mi manera de entender la vida: crear espacios donde las personas se sientan bien, donde la comida sea una experiencia que nutre más allá de lo físico. Poco antes del COVID decidí cerrar el restaurante. Fue una decisión consciente. A partir de ahí comencé una etapa más flexible, trabajando como freelance, impartiendo cursos y talleres de cocina saludable, y profundizando también en la cocina árabe y marroquí, una raíz que siempre había estado presente en mi historia. Incluso llegué a tener mi propio espacio de cocina en televisión, llevando esta visión a un público más amplio. Ese mismo año, mi vida cambió por completo. Me mudé a Madrid y también recibí el mayor golpe de mi vida: perdí a mi padre. Ahí comenzó otra etapa. Más íntima. Más silenciosa. Más profunda.

Durante ese periodo, trabajé como intérprete de árabe en contextos de urgencia y vulnerabilidad, en primera línea con personas migrantes que llegaban por vía marítima a las costas canarias. Durante años acompañé procesos complejos, traduciendo en ámbitos jurídicos, administrativos y en intervenciones psicosociales y sanitarios. Sosteniendo conversaciones difíciles y estando presente en situaciones profundamente frágiles. Esa experiencia transformó mi relación con el idioma y con la cultura. Dejé de entender el árabe solo como una herramienta lingüística para empezar a habitarlo desde dentro, comprendiendo sus matices, sus códigos y su carga emocional. Aprendí a escuchar más allá de las palabras. A leer lo que no se dice. A entender la cultura desde un lugar mucho más profundo y humano. Y fue ahí donde Marruecos dejó de ser solo un lugar vinculado a mi historia familiar para convertirse en una necesidad.

Empecé a viajar sola, a recorrer el país desde dentro, alejándome de lo superficial, conectando con su gente, sus códigos, su idiosincrasia, su lenguaje y su forma de entender la vida. Y en ese proceso, algo empezó a ordenarse dentro de mí. De ahí nació primero Alma Bereber, como un primer intento de dar forma a todo lo que estaba viviendo. Un proyecto que ya contenía esa sensibilidad: la búsqueda de lo auténtico, el respeto por la cultura y la voluntad de crear conexiones reales. Realicé con esta marca 12 viajes de 11 personas cada uno, recorriendo cientos de kilómetros, de norte a sur y de Este a Oeste. Cada año hacía 4 viajes de grupo con lo que eso suponía. Pero con el tiempo entendí que necesitaba ir más allá. Más profundidad, más coherencia, más estructura y también llegar más lejos y proponer otra forma de viajar al país. 

Así nació Beldi Nomads.

“Beldi” es un concepto que en darija (árabe marroquí) significa auténtico, tradicional, de la tierra. Y eso es exactamente lo que busco crear: experiencias que no se queden en la superficie, que respeten el contexto, que conecten con lo real. Hoy concibo todos mis proyectos desde la emprendeduría, sí, pero siempre con un mismo hilo conductor: generar impacto positivo en las personas.

Beldi Nomads es la síntesis de todo mi recorrido, de mi historia personal, de mis raíces y de mi forma de entender el mundo.